Pastoral Migratoria

“Los migrantes me plantean un desafío particular por ser Pastor de una Iglesia sin fronteras que se siente madre de todos. Por ello, exhorto a los países a una generosa apertura, que en lugar de temer la destrucción de la identidad local sea capaz de crear nuevas síntesis culturales”.
(Papa Francisco, Evangelii Gaudium 210)

Objetivo

Contribuir, a la luz del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia, en la construcción de una sociedad acogedora, fraterna, solidaria y justa, que respete a los migrantes, refugiados, desplazados y sus familias; como signo y fermento del Reino de Dios.

Líneas pastorales

(hemos asumido las mismas líneas pastorales de la Sección de Movilidad Humana del CELAM)

a) Acogida y acompañamiento

-Corresponde a los países de América Latina y el Caribe como un deber de caridad cristiana, de justicia social y de solidaridad humana abrir sus puertas a los migrantes.
-Crear, donde sea posible, parroquias personales, centros de atención y casas de acogida para los distintos grupos de migrantes, refugiados y desplazados.
-Enlazar esfuerzos entre Diócesis y Conferencias Episcopales de las regiones afectadas y cuidando que, en la acogida y demás servicios a favor de los migrantes, se respeten sus riquezas espirituales y religiosas.
-Ofrecer asesorías jurídicas y servicios de regularización de estatus migratorio.
-Dedicar tiempo y espacios de escucha y orientación para los migrantes, desplazados y refugiados.

b) Sensibilización social y política

-Promover la formación de migrantes y agentes de pastoral migratoria.
-Denunciar las violaciones de los derechos humanos de los migrantes, refugiados y desplazados, así como de sus familiares, combatiendo todo tipo de racismo, xenofobia y discriminación.
-Incidir, en coordinación con la sociedad civil, para una política migratoria justa y humana.
-Sensibilizar la sociedad, creando opinión a favor de la dignidad de los migrantes, refugiados y desplazados y dando a conocer los derechos y deberes, de los cuales ellos son sujetos.
-Promover ante los gobiernos la ratificación de las Convenciones Internacionales que protegen a los migrantes, refugiados, desplazados y sus familias, así como el cumplimiento de las vigentes.
-Establecer redes de comunión y solidaridad entre los lugares de origen, tránsito y destino de migrantes, refugiados y desplazados.
-Optimizar y articular nuestra presencia como Iglesia, fortaleciendo la red solidaria de información y apoyo a los migrantes, refugiados y desplazados y sus organizaciones.

c) Promoción humana, cultural y religiosa

-Reflexionar con los migrantes, refugiados y desplazados su historia migratoria, para descubrir en ella su vocación de peregrinos que caminan hacia la realización plena, que se realiza en el encuentro con Dios.
-Descubrir como Iglesia que la presencia del migrante, refugiado y desplazado es símbolo de un pueblo nuevo para el cual “toda tierra extranjera es Patria y toda Patria es tierra extranjera”.
-Promover el compartir de culturas a través de festivales, músicas, danzas, celebraciones religiosas, valorando las diferencias culturales, sociales y religiosas, para un mejor conocimiento mutuo que permita eliminar barreras y facilitar el enriquecimiento de ambas comunidades.
-Atender la dimensión laboral, acompañando a grupos de migrantes, refugiados y desplazados trabajadores para que se organicen y hagan valer sus derechos.
-Motivar al migrante, refugiado y desplazado a abrirse a los valores culturales y a la sociedad en donde se encuentra, manteniendo su propia identidad.
-Potenciar y dar a conocer los valores culturales, religiosos y éticos, propios de los distintos pueblos residentes en un país.
-Promover entre los migrantes, refugiados, desplazados y las comunidades receptoras una pedagogía de la cultura solidaria que lleve a un “nosotros” que no tiene fronteras.