Caritas América Latina y El Caribe

Desarrollo Humano Integral y solidarioEmergencia y Cuidado de la Creación
14 mayo, 2020

Queridos hermanos y hermanas:

1. En este momento de Pandemia del COVID-19, se hacen más evidentes las consecuencias de una estructura histórica y desigual en América Latina y El Caribe, que segrega e impone innumerables vulnerabilidades a los pueblos. La necesidad del aislamiento social, con el objetivo de disminuir la curva de contagio, afecta, de forma diferente, a diversos países en el mundo, planteando muchos desafíos para los gobernantes, las sociedades y las instituciones, sobre todo en los países más pobres y en las comunidades que ya se encontraban previamente en situación de vulnerabilidad social y de exclusión. El drama propuesto por la pandemia es global, “las fronteras caen, los muros se derrumban y todos los discursos integristas se disuelven ante una presencia casi imperceptible que manifiesta la fragilidad de la que estamos hechos” (Francisco. Un plan para resucitar. 17-04-2020).

2. El impacto de las medidas necesarias para la contención del contagio, hace que en innumerables familias se amplíen su situación de vulnerabilidad, por no tener sus necesidades básicas atendidas. Tampoco tienen acceso a espacios que garanticen el ejercicio de sus derechos y el consecuente aumento de situaciones de conflicto. Los decretos gubernamentales, dados por los gobiernos de la Región, están relacionados con el aislamiento social, la prohibición de la circulación de los transportes públicos, el cierre de comercios o el funcionamiento en horarios restrictivos de los servicios básicos, públicos y privados.

3. Sumado a ello, observamos la falta de información de calidad, la alta circulación de “fake news” (noticias falsas) sobre el COVID-19, el desabastecimiento y la falta de recursos económicos para la obtención de material de higiene y el insuficiente número de agentes públicos de salud y de las redes de protección, que coadyuvan al agravamiento de la situación de riesgo de estas poblaciones. Reconocemos el enorme esfuerzo solidario de los servidores públicos sanitarios que están en primera línea en el cuidado de las personas, incluso a riesgo de sus propias vidas, así como la activación de muchos otros servicios necesarios a las comunidades.

4. Estamos, y seguiremos viviendo en el próximo período, un proceso profundo de crisis y recesión, no sólo desde el punto de vista económico, sino también en las dimensiones sociales, políticas, culturales y ambientales, relacionadas a la existencia de la vida, donde encontramos que uno de los grandes desafíos de la grave crisis actual que afecta globalmente a los más pobres y vulnerables, es garantizar alimentos de calidad para la población, y todos aquellos otros servicios que dan calidad de vida, como agua potable, luz eléctrica, educación y medicamentos.

5. Identificamos que las consecuencias de la pandemia y de la crisis económica, están afectando y afectarán más gravemente a las personas desempleadas o a los que no tienen un empleo fijo, a los microempresarios, a la población adulta mayor, personas con capacidades diferentes, privados de libertad, niños y niñas, amas de casa y estudiantes, a las comunidades indígenas, particularmente en la Amazonía, y advertimos que un gran número de personas entrarán también en esta situación en los próximos meses. Sin embargo, sabemos que los problemas económicos globales pueden resolverse con economías y políticas económicas al servicio de las personas y, por ende, de nuestros pueblos.

6. En la actualidad, varios gobiernos de América Latina y El Caribe están priorizando salvar algunos sectores dominantes que están vinculados a los mercados financieros, a través de la ampliación de periodos de gracia, disminución de tasas de interés, reprogramaciones de deudas, o adquiriendo nuevas deudas, entre otras, con los riesgos que se profundicen las desigualdades y vulnerabilidades, lo que iría en detrimento del pueblo en general, pero afectaría con mayor dureza a los más pobres.

7. Ante esta realidad, queremos recordarles a los entes financieros y a los Estados que “no podemos permitirnos escribir la historia presente y futura de espaldas al sufrimiento de tantos. Es el Señor quien nos volverá a preguntar ¿dónde está tu hermano? (Gén 4,9)” (id); por lo que consideramos que es el momento que el Estado asuma una actitud solidaria y eficiente para garantizar la sobrevivencia y la dignidad de nuestros pueblos, especialmente a los más desprotegidos, a través de políticas públicas y acciones que dejen atrás negociaciones partidistas y electorales, y se enfoquen en salvaguardar como interés prioritario, la dignidad humana y el bien común; por eso, aspiramos que todo no vuelva a la idéntica normalidad excluyente de antes de la pandemia, sino a nuevos diseños de propuestas económicas y políticas que sean incluyentes, solidarias, donde el centro de interés sea la vida en sus distintas esferas, especialmente el resguardo de la Casa Común.

8. Todos sabemos que las crisis nos inquietan, pero también nos activan en el afán de superarlas y sacar aprendizaje de ellas; por lo que es necesario “unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral” (LS, 13), “que nos pide no conformarnos ni contentarnos y menos justificarnos con lógicas sustitutivas o paliativos que impiden asumir el impacto y las graves consecuencias de lo que estamos viviendo” (Un plan para resucitar).

9. La Iglesia católica mantiene una permanente preocupación ante la realidad actual, por lo que ha puesto sus instituciones al servicio de la vida de nuestros pueblos, privilegiando la acción caritativa a través de la Pastoral Social-Caritas en los diversos niveles. El Papa Francisco, el 16 de abril pasado, creó una comisión de COVID-19 para enfrentar el desafío de la pandemia, dirigida por el Dicasterio para el Servicio de la Promoción del Desarrollo Humano Integral, donde está presente Caritas Internationalis y, por ende, la Confederación, con el objetivo de “expresar la preocupación y el amor de la Iglesia por toda la familia humana ante la pandemia del COVID-19”.

10. Desde ese gran valor solidario toda la RED de Caritas de América Latina y El Caribe, conjuntamente con las pastorales sociales, pastorales específicas, aliados afines, organizaciones sociales, redes eclesiales, liderazgos locales y comunidades indígenas, va aportando experiencias conjuntas para mitigar los problemas sociales y económicos que se han generado y profundizado por la Pandemia, siendo conscientes que “cada acción individual no es una acción aislada, para bien o para mal, tiene consecuencias para los demás, porque todo está conectado en nuestra Casa Común” (id), por lo que “una emergencia como la del COVID-19 es derrotada en primer lugar con los anticuerpos de la solidaridad” (Pontifica Academia de la Vida. 30-3-2020).

11. Durante este tiempo, todas las Caritas de la Región, cada una desde su realidad específica, han diseñado y ejecutado una serie de estrategias y acciones relacionadas con la comunicación para la sensibilización e información, el involucramiento y realización de campañas de donación de alimentos, bien sea en especies o en ollas solidarias, kits de higiene con insumos para la seguridad personal y comunitaria a distintas comunidades, casas del adulto mayor, sistema penitenciario, personas y familias con capacidades diferentes, orfanatos, comunidades indígenas, comunidades rurales; también han atendido a la población migrante que por situaciones de falta de empleo y recursos retornan a sus países de origen o quedan inmovilizados en países de acogida sin garantías sociales; han apoyado a albergues y programas de “agua limpia” a través de purificadores; han mantenido una asesoría virtual en salud mental y en asuntos legales, así como la participación en comisiones de emergencias y realización de asesorías en ejercicio de derechos; todo esto para acompañar a nuestros pueblos que sufren los estragos de la pandemia.

12. Ante esta grave problemática, los gobiernos deben diseñar y ejecutar acciones más efectivas que ayuden a solventar los problemas de salud, alimentación, transporte, fuentes de empleo e infraestructura sanitaria. La cuarentena y el confinamiento no solo debe ser factor de protección para la salud, sino también de protección de los derechos humanos y el derecho al trabajo con una remuneración digna.

13. Estamos en un momento que si bien nos exige la ayuda inmediata ante la problemática existente, nos pide también hacer un discernimiento de la realidad de cada uno de nuestros países y de la Región, para asumir aprendizajes compartidos, reflexiones innovadoras en el diseño de nuevas formas de relacionamiento y de economías sustentables, y críticas al viejo modelo que ha generado pobreza, exclusión e inequidad en nuestros pueblos. Volver atrás no es la consigna, sino abrir horizontes a la novedad de la situación social que reclama nuestra presencia.

14. Como Región, damos gracias a Dios por toda la familia Caritas, por los equipos de trabajo que en este tiempo están plenamente activados, por la inmensa cantidad de voluntarios y voluntarias que a riesgo de su salud, van entregando su tiempo en un servicio de amor, salvaguardando las normas para proteger a los otros que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad; de igual forma a toda la organización de la Iglesia católica con sus Diócesis y parroquias que asumen este servicio en la caridad con dedicación y organización, así como a todos los donantes internos y externos que comparten con espíritu solidario sus aportes para que sean muchos los que tengan vida y vida en abundancia (cf. Jn 10,10).

15. Que María de Guadalupe y San Óscar Arnulfo Romero, guíen nuestros pasos y nos permitan servir con dedicación a nuestros hermanos y hermanas desde una decidida opción por los pobres y con la esperanza que da Cristo Resucitado en este tiempo de Pascua.

Con afecto y cercanía.
Maracaibo, 13 de Mayo de 2020. Día de Ntra. Sra. de Fátima.


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